Hace poco me preguntaron: ¿Qué es lo que te hace poner feliz o te saca cuando estás mal? ¿Y qué te pone mal?
Duras preguntas, ¿No? Difíciles de contestar, un poco confusas.
Luego de recibir esas preguntas me costó dar una respuesta concreta, y de hecho no la di, por eso hago esta entrada, para encontrar en mí la respuesta.
Principalmente, y empezando desde un principio, no suelo ponerme mal por cualquier cosa y  no me dejo influenciar casi nada por el exterior; pero no soy de piedra, puede que me cueste llorar y no lo haga ni cuando realmente algo me duele, pero aún así no lo soy. Soy humana, y como todos me pongo mal y me deprimo de vez en cuando. Para responder la segunda pregunta, podría decir que lo que me pone mal es confuso, a ver si me puedo explicar.
Si bien (como ya dije) no me dejo influenciar por mi exterior, una de las cosas que me hacen mal están relacionadas con el mismo. Detesto, y me hace sentir muy mal, ver como la gente trata mal a las personas porque las creen inferiores. La gente egoísta, egocéntrica, imbécil, soberbia, etcétera que discrimina o critica el camino de las personas que de verdad luchan por recorrer. Me colma, juro que me colma.
Otra de las cosas que me ponen mal, que no tiene nada que ver con el punto anterior es recordarla, recordar que aún estoy acá, enfrente de su casa y que ella no está ahí esperándome, recordar que ya no puedo hablar ni refugiarme en ella y que no la voy a volver a ver; pero prefiero evitar el tema, lo dejo ahí.
Para contestar la primera pregunta, qué me hace sentir mejor cuando estoy mal, es muy sencilla mi respuesta. Ayudar. A quién sea, como sea, escuchar a alguien, aconsejarlo, regalarle algo importante para mí a quién más lo necesite, hacer reír a quién está mal, abrazar al dolido, acompañar a quién esté solo. Solo eso, escuchar música también me hace sentir mejor (¿A quién no?) pero no hay nada como ayudar y saber que servís para algo y podes cambiar muchas cosas con sólo dar un paso mínimo para ti pero grande para tu prójimo.





¿Qué pasaría? ¿Qué pasaría si la gente fuera más empática? ¿Qué pasaría si por cada lágrima derrochada hubiera una sonrisa? La gente a veces no entiende, no sabe lo que es sufrir por algo. Una persona a la que nunca le pasó algo malo no puede criticar, no puede conocer, no puede prejuzgar.  Detesto escuchar día a día las idioteces de la gente que nunca se sentó a leer el diario, que nunca supo lo que es pasar por cosas como esas, que se ríe del tema como si fuera cualquier otro.  Para que no se mal entienda, no es necesario saber, solo es necesario entender al otro, tratar de ponerse en su lugar y saber estar ahí.
Verdaderamente que hay gente que no sabe lo que hace. Yo sinceramente agradezco de corazón haber podido vivir sabiendo de cerca todo esto. Que la vida no siempre es un camino de asfalto, que a las mejores personas le pasan cosas malas. Pero si, es verdad, tal vez la gente no se de cuenta de lo que hace, no se de cuenta de que hieren a algunas personas.
Hoy en día todo es así, la gente ignora, discrimina, prejuzga, critica sin justificantes,  lastima y ríe negramente a costa de la tristeza de otros.
Sé que poca gente va a leer éste blog porque sólo lo uso como personal, pero solo quiero que quienes lean esto mediten cada paso que vayan a dar, que mediten bien cuando vayan a decir algo, que porfavor, no hieran y que se instruyan (solo un poco) a la hora de criticar y prejuzgar.
Ayudar no es tan difícil, todos podemos hacerlo. No es necesario hacer grandes cosas ni tener necesariamente dinero. Con una sonrisa, con hablar, con escuchar, con aconsejar, con regalar, con prestar, con dibujar, cantar, dedicar y disfrutar sólo basta.

No te dejes influenciar por cosas mínimas, dedicate una sonrisa, dedicale una sonrisa a quién esté a tu lado y jamás te dejes vencer.




Las personas no deben vivir con la esperanza, solo la esperanza de cumplir sus sueños, tienen que vivir, tienen que luchar, tienen que moverse, hacer TODO lo posible, TODO lo que esté al alcance de sus manos. Puede que sea frustrante el camino, puede que no lleguemos al fin como queríamos llegar, puede que los sueños no se cumplan, puede que no llegues con quien querías llegar, pero juro que vale la pena recorrerlo. Vale la pena disfrutarlo. Aunque tengas recaídas, aunque te cueste volver a levantarte, no te olvides nunca de vivir, porque la vida pasa mientras nosotros nos preguntamos qué hacer con ella, mientras nosotros planeamos cosas para el futuro sin disfrutar ni vivir el presente, jamás te olvides de sonreír, jamás juzgues tu camino ni lo compares con el camino de los demás sin recordar lo que te costó recorrerlo. No juzgues el camino de otros, no envidies sus resultados, vos podes ser mejor, podes darte lo mejor para vos mismo, no decaigas, no te tires abajo, no te odies. Disfruta todo, que al final del camino, vale la pena el esfuerzo.
No te olvides nunca que
VOS dibujas tu propio camino. Si no te gusta algo CAMBIALO. Si tenes sueños LUCHA POR ELLOS. Si te sentís mal RECORDÁ todo lo bueno que viviste, RECORDÁ que siempre va a haber alguien ahí para vos. Jamás te olvides de quienes estuvieron ahí, brindándote su apoyo. Hace lo que quieras, desees, pretendas y quieras para tu vida, que al fin y al cabo es TU vida, y lo va a seguir siendo hasta el final. Pero jamás te olvides que SOLO SE VIVE UNA VEZ.



Bueno, el objetivo de escribir ésta entrada es porque sentía la necesidad de descargarlo de alguna forma, y la verdad no tengo la confianza como para hablar esto con mis amigas, se que a ellas no les interesa el tema, se que prefieren evitar oírme hablar de esto.  Puedo hablarlo con pocas personas, mis hermanas, alguna que otra amiga, Amilcar y Juani creo, pero después no siento la confianza con alguna persona, que sea tanta la confianza que me pueda descargar completamente y largar todo lo que tengo guardado. 
Creo que todo lo que tengo y estoy pasando se resuelve en que tengo miedo, estoy asustada a lo que pueda llegar a pasar. Es doloroso ver a una persona así y no poder hacer nada, sufrir de semejante forma y no poder evitar lo que pasó y sigue pasando. Mi abuela tiene 94 años, actualmente tiene un hijo (Cuando, según las rigurosas leyes de la vida deberían ser tres), si no me equivoco tiene 7 nietos, sin sumar los políticos y los bisnietos, vive sola, ya que mi abuelo falleció hará unos 7 años. De la gran familia que pudo formar y mantener con sudor y lágrimas mi abuela, dos personas la van a visitar, dos personas le devuelven todo lo que ella nos dio, dos personas solo se acuerdan de que gracias a ella estamos acá.  Ella vive en su casa sola, con mujeres que la cuidan, nadie se pone en su lugar, nadie recuerda lo que sufrió al perder dos de sus hijas, al perder a sus padres, a sus hermanas, a su marido, nadie hace el mínimo esfuerzo por ir media hora, quince minutos a hablar con ella y acompañarla. Me siento impotente, no poder evitar eso, ver que a mis primas/os les importa un bledo ver a mi abuela mal, ver que está sufriendo, ver que necesita apoyo y QUE NO HAGAN NADA. Yo hago TODO por estar con ella ahí, por acompañarla, vamos con papá cada tanto (él va todos los días); pero yo se que ella sigue mal, que necesita a sus demás nietos, que los extraña, los quiere ver.  Pero bueno, calculo que somos personas diferentes, ellos en algún momento espero que se den cuenta que a ella le deben la vida, que sin ella no son nada y la valoren un poco más, aunque esto no deje de hacerme sentir mal, se que siempre, TODO vuelve.

En mi habitación la cama estaba aquí, el armario allá y en medio la mesa. Hasta que esto me aburrió. Puse entonces la cama allá y el armario aquí. Durante un tiempo me sentí animado por la novedad. Pero el aburrimiento acabó por volver. Llegué a la conclusión de que el origen del aburrimiento era la mesa, o mejor dicho, su situación central e inmutable. Trasladé la mesa allá y la cama en medio. El resultado fue inconformista. La novedad volvió a animarme, y mientras duró me conformé con la incomodidad inconformista que había causado. Pues sucedió que no podía dormir con la cara vuelta a la pared, lo que siempre había sido mi posición preferida. Pero al cabo de cierto tiempo, la novedad dejó de ser tal y no quedó más que la incomodidad. Así que puse la cama aquí y el armario en medio. Esta vez el cambio fue radical. Ya que un armario en medio de una habitación es más que inconformista. Es vanguardista. Pero al cabo de cierto tiempo… Ah, si no fuera por “ese cierto tiempo”. Para ser breve, el armario en medio también dejó de parecerme algo nuevo y extraordinario. Era necesario llevar a cabo una ruptura, tomar una decisión terminante. Si dentro de unos límites determinados no es posible ningún cambio verdadero, entonces hay que traspasar dichos límites. Cuando el inconformismo no es suficiente, cuando la vanguardia es ineficaz, hay que hacer una revolución. Decidí dormir en el armario. Cualquiera que haya intentado dormir en un armario, de pie, sabrá que semejante incomodidad no permite dormir en absoluto, por no hablar de la hinchazón de pies y de los dolores de columna. Sí, esa era la decisión correcta. Un éxito, una victoria total. Ya que esta vez, “cierto tiempo” también se mostró impotente. Al cabo de cierto tiempo, pues, no sólo no llegué a acostumbrarme al cambio -es decir, el cambio seguía siendo un cambio-, sino que al contrario, cada vez era más consciente de ese cambio, pues el dolor aumentaba a medida que pasaba el tiempo. De modo que todo habría ido perfectamente a no ser por mi capacidad de resistencia física, que resultó tener sus límites. Una noche no aguanté más. Salí del armario y me metí en la cama. Dormí tres días y tres noches de un tirón. Después puse el armario junto a la pared y la mesa en medio, porque el armario en medio me molestaba. Ahora la cama está de nuevo aquí, el armario allá y la mesa en medio. Y cuando me consume el aburrimiento, recuerdo los tiempos en que fui revolucionario…
¿Cómo mierda se hace ahora? Sabiendo que el tiempo va a pasar y te voy a olvidar, sabiendo que no te tengo más acá conmigo. Tratar de no recordarte para no volver a tener ataques de disnea nerviosa, conteniendo todo. Pero, ¿Sabes qué? Hoy se que solo una sonrisa me hace mas fuerte.


Bueno, creo que al fin llegó el momento de decirlo, de hablar todo lo que nunca hablé, de contar todo lo que tanto callé, de parar con esas noches interminables de llanto e insomnio. A veces si, como dijo una amiga, es mejor olvidar que sufrir; vivir con la esperanza de que algo va a cambiar que todo va a ser diferente, pero es realmente al pedo y necesito largar todo lo que siento de una vez, aunque nadie lo lea, solo descargarme.
Mis viejos se mudaron a la casa en la que vivo yo cuando mi hermana mayor tenía un año, en este momento ella tiene 26. En ese entonces vivía en frente de mi casa una mujer grande, que tendría 60/70 años que fue la primera en recibirlos. Mis viejos se hicieron muy amigos de ella, tanto que hasta llego a criar a mis hermanas, y sobre todo a mí. Obviamente ella era Lía, desde pequeña ella me crio, me vio crecer; fue mi madre, mi amiga, mi abuela, mi hermana, mi todo. Me sintiera como me sintiera yo iba todo el día a su casa, a comer, a tomar mates, a visitarla, a dormir, a jugar a las cartas, lo que fuera. Íbamos juntas a visitar a vecinos, a ver jineteadas, a hacer mandados, etc. Yo la AMABA, imposible es describir todo lo que sentí por ella. 
Cuando empecé el jardín y la escuela iba a la mañana y ni bien volvía a visitarla, casi no estaba en mi casa, y si yo algún día no iba, ella siempre cruzaba a ver si me había pasado algo, incluso cuando nos escuchaba llorar a mí y a mi hermana. Con ella aprendí todo lo que se.
Pero el tiempo paso, y las personas crecen, ‘se ponen viejas’, y el momento llegó. Eso no fue lo que más me dolió, lo que más mal me hizo fue saber que ella estaba mal y estaba muriendo y yo solo me enteré que ‘estaba descompuesta’. Recuerdo aun las palabras de mi mamá: “Lía estaba vieja, yo se que ya estabas lista y sabías que el momento iba a llegar algún día”. No se puede explicar la bronca que tenia de que no me hayan dicho nada, que me hayan ocultado la muerte de la persona más importante que tuve en mi vida, la UNICA persona que yo quería ver y con la que quería estar. Pero me guarde todo, nunca dije nada, nunca grite todo ese  dolor, nunca le reclame a mis padres que yo no estaba lista, que aunque tuviera 9 años yo quería estar con ella, que lo único que siempre quise fue decirle aunque sea ‘adiós’. 
Es indescriptible el dolor de saber que ella murió tal vez pensando en cómo estaría yo, vivir con el dolor de saber que no podes volverla a ver, que pasen 7 años y que yo siga llorándola, que pienses en ella almenas 2 veces al día desde ese momento, que siga esperando que se presente a hablarme aunque sea en un sueño, que pase su cumpleaños y solo pueda verla y hablar con ella en el cementerio; que no pase nada, que esperes y esperes eso imposible. 
Desde ese momento lo único que hago es callar, las personas siguen haciendo lo mismo, me mienten, me usan, me tiran, me levantan, me vuelven a tirar, me esconden cosas y yo solo cayo; pienso miles de cosas que podría decirles en la cara pero no se las digo, no puedo.
Creo que no me quedan más cosas por decir, solo que pienso en ella y me siento tan sola, las personas de ahora no son las de antes, mis amigas no se interesan en lo que siento, el mundo cambió y yo me quede flotando ahí sin entender porque la gente es tan egoísta últimamente.